LA PENA DE LOS ARTÍCULOS DEL CÓDIGO PENAL PARA EL ESTADO LIBRE Y SOBERANO DE VERACRUZ DE IGNACIO DE LA LLAVE ACERCA DEL ABORTO

En los artículos del Capítulo V, del Código penal, se desliza, como en la Ley 104, el androcentrismo. Leyes, concreciones de una moralidad machista, que fijándose bien ni es mayoritaria ni es moral, pero que desde sus primeros sentidos cancelan el derecho de las mujeres a una maternidad responsable y consciente; es más, obstruyen, o de plano niegan a las mujeres el derecho a decidir acerca de sus capacidades sexuales y reproductivas: el caso concreto de tener o no tener hijos.
Cuerpo colegiado de hombres que hacen leyes acerca de los cuerpos de las mujeres, a quienes se las coloca bajo tutela para negarles la autocomprensión y el autogobierno… de sus cuerpos.
Cuerpo de legisladores, junto al cuerpo de los burócratas que imponen las leyes, y además, el otro cuerpo de quienes con su doble moral (otra forma del sexismo) sitúan con sus comportamientos discriminatorios la sumisión de las mujeres en un círculo infernal, donde los cuerpos de ellas son el doble producto de una rigurosa partición:
- por un lado, los cuerpos que son sólo representaciones de la carne;
- y el otro producto de esta partición: el cuerpo que se puede saber regazo psíquico de anhelos, pensamientos; el cuerpo sexualizado y que se piensa deseante, por lo tanto que es capaz de elegir.
(Cuando el deber ser de la racionalidad de la ley desarrollada, incluyente, opta por colocar a la mujer como unidad completa, como persona que no puede ser fragmentada por ninguna letra reglamentada que la procure controlar.)
Las formas legales que según estos artículos constituyen una seria preocupación por las mujeres, adquieren, una vez más, los significados de un sexismo que apela a penalidades antes que a protección de las vidas de las mujeres. De esta manera, aunque las pretensiones de una práctica abortiva tengan un cariz terapéutico, salta a todas luces un referente de mujer que reposa exclusivamente en una porción somática. No hay, ni forzando los significados, ni un asomo de palabra donde sean las mujeres quienes deciden a fondo qué hacer, por ejemplo, en relación con sus embarazos.
Algunos artículos, los 152 y 154, del apartado de Aborto, colocan a la mujer embarazada como alguien que comete actos imprevistos, irresponsables. Decir que se le exime de sanciones, si ella misma provoca el aborto por su imprevisión es establecer formas de legislación donde campean la contradicción y hasta la ambigüedad. Parece que quiere decir esta ley, aquí mismo, que las mujeres imprevistas, las que actúan sin advertir conscientemente sus actos, ¡son las únicas que tienen derecho a abortar! Lo cual las convierte en inocentes ante las potencias punitivas de las leyes antiaborto.


Otra cara de estos artículos, que según no sancionan las prácticas abortivas, tiene que ver con el poder de decisión pero de los hombres, médicos, facultativos; no de uno solo, sino de asambleas de dos o más quienes serán los dictaminadores, los jueces que decidan qué hacer según se presente la situación. Si la práctica médica es en sí y/o por la institucionalidad de sus prácticas y saberes altamente vertical, patriarcal, en el tema del aborto aparece como quien dictamina la procedencia legal (amparada por La Ley, perdón por la redundancia) del embarazo. Médicos legistas, si los hay, y si no son objetores de conciencia. Pero allí la trampa legislativa es ideológica: son los hombres de blanco, bueno, los hombres a secas, quienes deciden en primera y última instancia qué hacer con el cuerpo de la mujer embarazada, y ella queda relegada a una pasividad donde ni su angustia tiene lugar, la oportunidad, de decir su opinión.
Estos artículos son el texto que define la penalización del aborto y atentan contra los derechos individuales, intransferibles, inalienables de la mujer como persona. Atentan contra el derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo. Atentan contra el derecho de toda persona a la preservación de su salud. Y ¿qué sucede con el derecho a la igualdad de oportunidades que tienen todas las personas? Decía un conferencista hace más o menos un mes, en una mesa de un café de mi ciudad:
“- Que la señora X se fue a San Diego de compras. No, qué va a ser. Que la joven Y se fue al otro lado de shoppin’. No, se fueron a abortar, porque allá hay clínicas de primer mundo y estas personas tienen el dinero para hacerlo y pagar por ello.”
Esta base moralizante de la ley contra el aborto y este articulado básico que usa sólo un lenguaje punitivo, hace que prevalezca la práctica del aborto en condiciones clandestinas, lo cual aumenta el riesgo de muerte materna.

ESTRATEGIAS DE INTERVENCIÓN QUE SE SUGIEREN PARA IMPACTAR EN EL SISTEMA LEGAL

- Para el componente sustantivo, se propone la generación, la elaboración de leyes avanzadas, bajo la perspectiva de género, que defiendan el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo, y que cuestione el paradigma de la ley revisando qué sujeto se manifiesta en ella y analizando las distintas formas en que se hace ostensible el sexismo.
- Para el componente estructural, se propone la capacitación transversal, de género, en esas leyes avanzadas (como la Ley de Acceso de las Mujeres a una vida libre de violencia en el Estado de Veracruz) en y a todos los niveles de quienes por mandato estatal, democrático, en todo caso, deben ser vigilantes y garantes del respeto a los derechos de las mujeres.
- Para el componente político cultural, se sugiere una trabajo continuo de sensibilización y formación en comunidades de aprendizaje, en relación a la perspectiva de género, por supuesto que trabajando no sólo con mujeres si no también con hombres en una clima de diversidad, inclusión y de una ética de la convivencia.

Siempre será necesario tener presente que estos componentes se interrelacionan de una manera dinámica, se influyen de manera muy seria, ya que las leyes son hechas y aplicadas por personas de carne y hueso, que viven en contextos socioculturales donde hay presiones de grupos económicos de poder que quieren que se utilicen a su entero capricho, que las leyes se ven presionada a la vez por los usos y costumbres de colectividades y pueblos enteros., y que en todas esta manifestaciones socioantropológicas se busca para preservar el patriarcado, que le sienta tan bien a la Iglesia Católica.
Estas propuestas van encaminadas a visibilizar, sensibilizar, capacitar a todas y a todos en el Derecho a decidir que las mujeres deben tener y ejercer, en una sociedad más justa y equitativa. En esto subyace, por supuesto, la sana intención de pensar que el hacer leyes incluyentes y desarrolladas puede ser la base de cambios en las maneras de ser y de actuar de las personas.

PAUL VALÉRY Y LA POESÍA


Escribir poesía es una tarea singular, en el orden de las actividades artísticas los que trabajan con las palabras (así como el pintor lo hace con los colores, el compositor con las notas musicales) tienen ante sí una labor ingente, cuando en serio sus intereses son genuinos y aspiran a construir obras perdurables. Sin embargo, pocos reparan en la ardua labor de darle forma a los versos, que del sonido al sentido constituyen esos objetos verbales convenidos como poemas.
¿Qué los inspira hacia la creación poética?
El azar, la musa, el demonio interno, la desdicha, todo ello y aún más, son causas de quien dice ser presa del arrebato a la hora de componer versos.
Si alguien que escribe poesía no se conforma con creerse un súbito iluminado y si su labor es precisa, decantada, consistente, si comunica al lector eso que es una emoción primordial, irrepetible, infinita, está en camino de ser un poeta como Paul Valéry (Sète 1871 - Paris 1945) lo postula en su hermosa conferencia denominada “Conversación en torno a la poesía”, impartida el 2 de diciembre de 1927, en la Université des Annales, en Francia.
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Esta alocución (editada en el libro Reflexiones, UNAM, México 2002, selección, traducción y notas de Glenn Gallardo,) el poeta francés expone dos funciones de la poesía: 1) La poesía “designa un cierto tipo de emociones, un particular estado emotivo, que puede ser provocado por objetos o circunstancias muy diversas”, que pueden ser un paisaje, una persona, etcétera. 2) “Poesía (…) nos hace pensar en un arte, en una extraña industria cuyo objeto es el de reconstruir esta emoción señalada por el primer sentido de la palabra.”
Estas dos funciones se alían para restituir esa necesaria emoción poética de quienes trabajan la poesía a voluntad.
La emoción poética no es la emoción humana común, sino que es la sensación de universo, de arrobamiento y confirmación de una correspondencia singular entre las palabras que nombras las cosas, los hechos y propiamente los objetos y los acontecimientos del mundo externo. Así la emoción poética descubre, crea relaciones nuevas entre “los seres, las cosas, los actos” con “las formas y las leyes de nuestra sensibilidad general”. Por lo tanto las cosas y los seres cambian de valor, adquieren la forma y el sentido de la resonancia infinita que encierra la verdadera poesía.

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Varias veces he pensado en lo que humaniza a las personas, en lo esencialmente humano de las criaturas racionales. He hallado la respuesta en la noción de conciencia y lo he expuesto en algún post anterior (acerca del filósofo francés Henri Bergson). Ahora, en una página reluciente de esta conversación me encuentro con una formidable frase, ahora en boca de un poeta, Valéry dice: “Pero el hombre no es hombre sino por la voluntad y por la fuerza que tiene para conservar o para restablecer lo que le interesa sustraer a la natural disipación de las cosas.” (Acaso haya ecos Nietzscheanos en este enunciado, no podría detenerme en una digresión de esta naturaleza, quede lo dicho por Valéry como algo digno de admiración porque principalmente da al hombre un papel activo y al poeta un camino a dilucidar en la búsqueda de respuestas ante la pregunta de por qué escribe poesía y cuál es la diferencia de las demás actividades artísticas).
Valéry instala en su decir lo que en esencia el poeta tiene que hacer: sustraer a la natural disipación de todo lo que acontece en la vida interna y en el medio, a través del lenguaje, lo que singulariza la experiencia del poeta.
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En dicha conversación, Valéry recurre al lenguaje musical para demostrar la extrema dificultad que tiene el poeta (como escritor) al trabajar con su lenguaje de signos, que construyen palabras. De acuerdo con el también ensayista francés, el músico la tiene fácil pues este “se encuentra en posesión de un conjunto perfecto de recursos bien definidos, que hacen que las sensaciones se correspondan perfectamente con los actos; tiene presentes, enumerados y clasificados todos los elementos de su juego, y este conocimiento preciso de sus recursos, de los que no está únicamente instruido sino incluso penetrado y armado íntimamente, le permite prever y construir, sin preocuparse en lo más mínimo respecto a la materia y a la mecánica general de su arte.” El músico al ejecutar una partitura llega a su trabajo cuando la notación musical está hecha y la dirección lo conduce hacia una ejecución magistral, al menos eso es lo esperado; pero, el poeta necesita trabajar con la palabra que a la vez de ser sonido, posee sentido (varios sonidos, varios sentidos). La complejidad de las palabras es tal en su origen mismo como en su desciframiento a través de la lectura. No es posible fijar un sentido único a lo escrito, ni siquiera a una sola de las diversas imágenes que entran en juego en la hechura y lectura de un poema.
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Hay en esta charla de Valéry una diferenciación atinada entre lo que es la poesía y lo que es la prosa, a la vez tomada por nuestro poeta francés de Malherbe (1555-1628); el poeta, crítico y traductor galo también, concebía a la prosa como una marcha y a la poesía la comparaba con la danza. Las palabras de Valéry son que la marcha tiene un fin preciso, es un acto dirigido hacia algún objeto; la danza, en cambio es algo muy diferente, “se trata, sin duda, de un sistema de actos, pero cuya finalidad está en ellos mismos. No va a ninguna parte. Si persigue algo, no es más que un objeto ideal, un estado, una voluptuosidad, un fantasma de flor, o cierto arrobamiento de sí mismo, un extremo de vida, una cima, un punto supremo del ser…”; no obstante ser diferente la danza a una marcha, la primera se vale también de los mismos miembros, los mismos músculos y de los mismos nervios de la segunda. Valéry zanga la cuestión al decir que el que hace prosa marcha, y cuando al fin realiza su movimiento, alcanza la meta, y “el efecto devora a la causa, el fin absorbe el medio, y sean cuales fueren las modalidades de su acto y de su accionar, únicamente queda el resultado.” El lenguaje del que se vale el prosista (el que marcha) se desvanece una vez que ha llegado, es comprendido, y si no puede reiniciar quien acomete la lectura de lo escrito. Pero el poema no muere al haber tenido una función expresiva; el poema, al contrario de la prosa, “está hecho expresamente para renacer de sus cenizas y volver a ser indefinidamente lo que acaba de ser.” Y aún más, los efectos en los lectores son distintos; la prosa hace al lector entrar en ilusiones, se aliena particularmente al querer saber en qué termina el relato que lo ocupa, de alguna manera tiene actitudes que lo envuelven en una experiencia fragmentaria. En cambio el lector de poesía ocupa todo su ser. La poesía actúa en quien la frecuenta una provocación hacia la unidad que se manifiesta cuando el lector está poseído por un inmenso sentimiento que o deja a ninguna de sus fuerzas de lado.

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La conversación de Valéry termina señalando la impostura de aquellos poetas que se conforman con ser sólo médium de la experiencia poética, y de una vez siembra en el lector/poeta aquella necesidad de trabajar a conciencia la poesía, porque la materia del poeta, el lenguaje, es algo que requiere esfuerzo sostenido, donde la voluntad y el análisis desempeñan un papel primordial, al cabo Valéry ve a los poemas que más lo ocupan como realizaciones sobrehumanas, como obras maestras de labor, como monumentos de inteligencia. Como le sucedió una ocasión cuando su amigo y maestro el poeta Mallarmé (1842-1898) le mostró su poema “Un golpe de dados”. Pero esa es otra historia. Sólo me resta decir que en este libro, el pensamiento de Paul Valéry se muestra genial, aquí nos habla de escritores franceses como Verlaine, Nerval, Baudelaire, Flaubert, Marcel Proust, y de filósofos como Descartes y Bergson. La traducción es magnífica, por cierto.

ROCKDELUX

La revista ROCKDELUX es de mis favoritas, digo, desde la fenecida y mexicana, snif, la Mosca en la pared. Este número de mayo del 09 (sí, es que en Walmart, la Comer o Plaza Crystal, en Xalapa, llega así de retrasada) está bien balanceado y se agradece poder leer entre sus páginas textos acerca de Neil Young, Anton Corbijn, Michael Nyman o de Haruki Murakami (ojo lector@s, sus libros están en Hyperión). Homenajear a Neil Young es algo que funciona como muestra de gratitud, pero también como una forma de objetivar, en las condenadas coordenadas de la música contemporánea, una de las ramas señeras del árbol del rock; con Neil Young derivan vertientes frescas del rock o que ya casi se archivan, desde grupos como los escurridos del rock a cuadritos o de botas negras del Grunge, pasando por cierto Noise y llegando hasta los oídos que no acuden a actos contemporizadores y sí se entienden en la continuidad del folk, del rock básico y trascendente del estilo Young, guía imprescindible de varias generaciones. Marlon Brando, Pocahontas, Neil y yo esta noche después del cafetín para seguir vivos y atentos. De Corbijn hay que agradecer su película acerca de Ian Curtis; aunque aquí no dice gran cosa al menos está para re-ubicar sus señalados trabajos como soporte fotográfico y de video para grupos como Depeche Mode, a quiénes juro vi caminar en un domingo del mes pasado en La Lagunilla, del D.F., muy cerca de las exquisitas antigüedades que se expenden por allí (aunque Arthur Nocivo diga que no pudo ser, que nel). Y del escritor japonés hay un texto que hace balance de las novelas publicadas por este autor en Tusquets, y que invita a leer a este escritor-melómano-misantropón. De Nyman va que es crítico y duro contra los críticos de música de hoy, que en su súper especialización ya no hablan de más cosas que de lo que sus prejuicios captan. Je.

Oh, claro, la revista trae información de grupos independientes, cómo no si ese es su propósito, así puedo conocer cosillas del aniversario 30 de The Ex (hay que buscarlo y de ya, eh), Hello Cuca, Junior Boys, Thomas Beiner y un claro etcétera que cumple con gustos de Dj’s, solistas, compositores renovados, bandas propositivas, en fin.
La lista de discos recomendados es amplísima y ya palomeé algunos bastante interesantes.
El CD de obsequio esta vez trae bajo el título Drag City un compilado donde podemos escuchar a gente como David Grubbs (comienzo sanamente por el fin de la grabación pues este track me latió mucho); y hay cosas valiosas como los números de Bachelorette (The Nacional Girl), y Six Organs of Admittance, con Creation Aspect Fire. Entres otras ondas interesantes.
ROCKDELUX está bien, y ojalá antes del fin de año me encuentre otro numerito porque después de más de dos meses hace falta palpar, leer y escuchar este rock que desde la España se nos manda como debe de ser, con calidad, conocimiento y con algo que está documentando el pretendido Indie de este siglo, para captarlo desde los bucitos que hace de este lado del mar.
Sip.
NOTA: Arturo, Tona y Hernán, láncense al Walmart porque todavía les dejé unos ejemplares, ja.






VÍCTOR E. FRANKL Y LA LITERATURA DE OSCAR WILDE

LA EPISTOLA: IN CARCERE ET VINCULIS (DE PROFUNDIS) COMO MUESTRA FEHACIENTE DE LA REALIZACIÓN DE VALORES CREATIVOS Y DE ACTITUD

Las personas sensibles se preguntan acerca de la importancia de las expresiones escritas en sus vidas, eso me conduce a reflexionar acerca de las relaciones entre ciertos autores consagrados por su obra literaria, con el mundo que les tocó vivir, con el valor de sus libros, con sus contenidos ya leídos no sólo como referencias propias del mundo del lenguaje literario sino como proyecciones reales de sus mensajes como verdaderos aportes para sustentar ciertas áreas teóricas de la psicología.
Con
Víctor E. Frankl he llegado a comprender la necesaria elasticidad en la adaptación hacia posibilidades nuevas, abiertas, ante la responsabilidad que ocupan las personas que deciden la toma seria de una conciencia del deber, signada sobre todo por asumir el compromiso de construir o descubrir el sentido de sus propias y singulares vidas. La plenitud de sentido la ofrecen, de manera dinámica, los valores. Para el psiquiatra austriaco, nacido en 1905 y muerto en 1998, el ser-consciente quiere decir también el ser-responsable, y la principal responsabilidad es la de vivir la vida a través de cumplir con el deber los valores asumidos, que pueden ser, entre otros, los valores creativos, los valores vivenciales y los valores de actitud. Los valores de creación, aparte de hallarse suscritos por el mismo actuar de las personas, también incumben a los que proyectan a quienes los asumen hasta las realidades de las obras artísticas, literarias, teóricas, etcétera. Hay pues el encuentro con una plenitud de sentido al saberse capaz de crear una sonata, un nuevo arreglo floral, un corto animado revolucionario, un ensayo lúcido y lúdico, una melodía, un blog creativo, un poema. En ese sentido se asume como algo único en la medida en que la persona creativa descubre el cómo, el porqué (el para qué muchas veces se relativiza por los mismos desgloses de una subjetividad creadora, pero esta es una de las preguntas más difíciles de contestar en los terrenos de la creación, cuando se persigue la autenticidad y no solamente el reconocimiento social) y siente alegría por realizarlo siendo consciente de sus propias virtudes y de sus limitaciones. Cómo trabajar con creatividad y, a la vez, dilucidar el sitio de su propia valía (sin autoengaños, ni pretensiones narcisistas), es decir, conocer si la persona realmente ocupa o no el lugar en que se encuentra su proceso creativo, o incluso profesional, son formas de llenar o no (dependiendo de la congruencia de su hacer) el círculo de sus deberes.

Escribe Víctor E. Frankl, en su libro Psicoanálisis y existencialismo: “Un hombre corriente que cumpla realmente con los deberes concretos que le plantean su familia y su profesión es, a pesar de la “pequeñez” de su vida, más “grande” y ocupa un lugar más allá que cualquier “gran” estadista que tenga en sus manos la posibilidad de disponer de un plumazo de la suerte de millones de hombres, pero que no gobierne sus actos ni tome sus decisiones con arreglo a la conciencia del deber.”
Esto anterior busca ubicar el sentido de la vida allí precisamente donde florece, bajo el sol e incluso bajo la sombra: en la sencillez de la gente, de aquellos que conocen el lugar que ocupan los actos creativos en sus vidas, la dimensión de su hacer, en sus legítimas aspiraciones de comunicación con los demás.

La pregunta acerca del valor de nuestros actos creativos, del lugar que ocupan en nuestras vidas, de cómo se relaciona la vida artística con nuestros comportamientos, son cuestiones que hay que reflexionar.
Es sumamente interesante lo que admite Oscar Wilde, en su hermosa
Epistola: In Carcere et Vinculis (De Profundis). Me atrevo a sugerir que es en la cárcel donde el soberbio autor irlandés, nacido en 1854 y muerto en 1900, adquiere la humildad; en condiciones en que la moral de su época lo condena no sólo a sufrir la más tremenda de las angustias que un preso puede llegar a experimentar por el confinamiento, sino el verdadero derrumbe del mundo convencional, decadente y extraordinariamente refinado en que convivió, incluso con quienes le dieron la espalda cuando vive ese trance carcelario. Allí en prisión el autor de El abanico de lady Windermere se religa a un cristianismo personal (ver a Cristo como un precursor del movimiento Romántico es bastante sugestivo); se reconoce, a través de la pena indecible de haber perdido casi todo, en el entendimiento y el corazón signados en una carta dirigida a su amor frustrado, a la persona de lord Alfred Douglas, su amadísimo Bosie, con quien vivió el amor, los caprichos, la compañía ante el tercero odioso, el padre del lord; sin embargo, con quien incluso pudo regresar después de prisión antes de morir. Wilde aclara su propia actitud ante la obra erigida y su impacto en la vida entregada a ella. Y nos lega las siguientes líneas de su Epistola…:
“Los hombres señalan la cárcel de Reading y dicen «Miren adónde lleva a un hombre la vida artística». Bueno, puede llevar a sitios peores. La gente más mecanizada, para quien la vida es una astuta especulación que depende de un atento cálculo de medios y métodos, sabe siempre hacia dónde va, y logra sus objetivos. Comienza con el anhelo de ser bedel de la parroquia y sea cual fuere la esfera en que se sitúa consigue lo que se propone: ser el bedel de la parroquia, y nada más. Un hombre que aspira a ser algo separado de sí mismo –miembro del Parlamento, comerciante rico, juez o abogado célebre o algo igualmente aburrido– siempre logra lo que se propone. Éste es su castigo. Quien codicia una máscara termina por terminar oculto tras ella.
Pero es muy distinto hacer esto con las fuerzas dinámicas de la vida y con quienes las encarnan. La gente cuyo único deseo es la autorrealización nunca sabe adónde va ni puede saberlo. En cierto sentido, es por supuesto indispensable conocerse a sí mismo, como dijo el oráculo griego. Es el primer logro del conocimiento. Pero el logro final de la sabiduría es reconocer que el alma humana es inconocible. El misterio supremo es uno mismo (…)
Espero vivir lo suficiente para hacer una obra tal que cuando acabe mis días pueda decir: «Sí, miren adónde lleva a un hombre la vida artística».”
Es posible plantear que Oscar Wilde lleva hasta lo más hondo de su ser los valores creativos, los valores vivenciales y los de actitud. Incluso confinado en instituciones totales, como las prisiones de Holloway, Wandsworth y Reading, se puede observar a un autor en plenitud, concibiendo dos de sus mejores obras literarias: la misma Epistola… y The Ballad of the Reading Goal.


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Los valores se realizan con la exigencia que la vida plantea, al decir de Víctor Frankl: “De hora en hora cambia en la vida del hombre la posibilidad de orientarse hacia este o hacia aquel grupo de valores. Unas veces, la vida exige de nosotros que realicemos valores creadores, otra nos obliga a volvernos a la categoría de los valores vivenciales. Unas veces se nos plantea, por decirlo así, la tarea de enriquecer al mundo con nuestros actos; otras, entregándonos a una posibilidad de vivencia.” Hay que agregar que los valores de actitud, en el caso de Oscar Wilde, tienen que ver sobre todo con su comportamiento en las condiciones extremas en que vivió al redactar esas dos obras mencionadas con anterioridad, y más allá de los méritos literarios de las mismas, cuando reitera una y otra vez que “El amor se nutre de la imaginación. Gracias a la imaginación. Gracias a la imaginación nos volvemos más sabios de lo que sabemos, mejores de lo que sentimos, más nobles de lo que somos; podemos ver la vida en su totalidad. Por la imaginación (…) podemos entender a los demás en sus relaciones reales o ideales.” El escritor irlandés realiza valores de actitud cuando sabe soportar el aislamiento, que de ser atroz pasa a ser un espacio también de estudio y creación, cuando pudo tener libros a su alcance y papel para poder escribir, gracias a las atenciones de algunos amigos. Para Víctor E. Frankl la realización de este grupo de valores consiste precisamente en la actitud que el hombre adopte ante una seria limitación de su vida. El psiquiatra, formado en la escuela ftreudiana de psicoanálisis, explica que “La posibilidad de llegar a realizar esta clase de valores se da, por tanto, siempre que un hombre se enfrenta con un destino que no le deja otra opción que la de afrontarlo (…) se trata de actitudes humanas como el valor ante el sufrimiento, o como la dignidad frente a la ruina o el fracaso. Tan pronto como estos valores de actitud se incorporan al campo de las posibles categorías de valores, se ve que, en rigor, la existencia humana no puede, en realidad, carecer nunca de sentido: la vida del hombre conserva su sentido hasta el aliento final, hasta que exhala el último suspiro.”
En la cárcel, Oscar Wilde logra la autotrascendencia y una profunda capacidad para distanciarse de sí mismo. Frankl, en su libro Teoría y terapia de las neurosis, indica “que el existir humano siempre hace referencia a algo que no es ese mismo existir, a algo o a alguien, a un sentido que hay que cumplir o a la existencia de un ser humano solidario con el que se efectúa un encuentro”.
Oscar Wilde en su Epistola… ofrece unas palabras que confirman el sentido de su autotrascendencia:
“Donde hay dolor hay un suelo sagrado”.



Cuando Robert Sherard está presente en el traslado de Oscar Wilde, de la cárcel al Tribunal de Quiebras, el autor de la novela El retrato de Dorian Gray transita en medio de la bulla de los curiosos y del personal que atiende este tipo de trámites, va esposado y con la cabeza baja, Robert Sherard es el único que saluda al escritor, con mucho respeto despojándose de su sombrero… Wilde escribe en su Epistola…: “Por menos que eso muchos han ganado el cielo. Y lo hizo delante de la multitud y con un gesto tan dulce y sencillo la redujo al silencio. Con este mismo espíritu y esta forma de amor los santos se arrodillaron para lavar los pies del pobre o se detuvieron a besar la mejilla del leproso. Nunca le he dicho a Robbie una palabra acerca de lo que hizo y hasta hoy no sé si él se dio cuenta de lo que su gesto significó para mí (…) Lo guardo entre los tesoros de mi corazón. Lo conservo allí como una deuda secreta y me alegra pensar que nunca podré pagarla.”
Este tipo de vínculos humanos conducen a quien los experimenta a un más allá de sí, cuyo centro existencial significa profundizar en la propia conciencia de sí, y al reconocimiento tácito, otra vez, de que los gestos naturales, sencillos, entre los seres humanos, son los que otorgan un verdadero sentido a la vida y toman la forma de auténticos valores vivenciales, que pasan como actos de genuina solidaridad.

Martin Buber, filósofo judío nacido en Viena en 1878, y muerto en Jerusalén en 1965, en el libro¿Qué es el hombre?, cuando patentiza su lectura de Kant, allí cuando reconoce el filósofo alemán del siglo XVIII las interrogantes esenciales acerca del hombre (¿qué puede saber?, ¿qué debe hacer?, ¿qué le cabe esperar?), Buber responde que es la psicología kantiana la que contesta a la segunda interrogante, ¿qué debe hacer?, significando con esto que hay un hacer que el hombre debe, que no está, por lo tanto, separado del hacer justo, sino que, por eso mismo puede experimentar su deber, encuentra al hombre abierto el acceso al hacer; en los términos de cómo se realiza psíquicamente el deber, y como ética, qué es lo que hay por hacer. Víctor E. Frankl relaciona significativamente, con su visión del sentido de la vida como la plena realización de valores, a la psicología y a la ética, de algún modo a la manera kantiana, pero más que nada lo realiza como lo proponen la filosofía del alemán Nicolai Hartmann (1882-1950), por ejemplo en cuanto a los valores morales, fundados en la seriedad de los propósitos y en la hondura de las intenciones con que obran las personas. También el filósofo alemán Max Scheler (1874-1928) influye ciertamente en Frankl, con los criterios básicos para jerraquizar los valores, entre otras líneas filosóficas. Algo primordial en esta influencia filosófica es lo que propone Scheler, bajo la denominación sentimiento del valor.
El aprendizaje de Oscar Wilde, es ese pasaje extremo de su vida en prisión, que lo hace rememorar la frase máxima del oráculo griego que sugiere el conocerse a sí mismo, se reconoce con claridad en las palabras de otro psicoanalista alemán,
Erich Fromm (1900-1980), cuando en su texto Psicoanálisis y Budismo Zen escribe: “El principio que debemos mencionar primero es el concepto de Freud acerca de que el conocimiento conduce a la transformación, de que la teoría y la práctica no deben separarse, de que en el acto mismo de conocerse a uno mismo, uno se transforma.”

Oscar Wilde, sin duda, se transforma en la cárcel y con una afirmación más comprometida de su arte literario, ya casi totalmente elaborado en el año de su excarcelación, en 1897.
Es imposible ver en la actitud de Wilde ante su reclusión, una especie de sometimiento y resignación ante la mano injusta de la ley. De hecho como lo apostillan los Pacheco, en la parte final de la Epistola …: “Una conciencia que no se encuentra en otros escritores «decadentes» aparece en The soul of man under socialism, en 1891 y en sus dos cartas al Daily Chronicle, modelos de literatura política, que contribuyeron a la reforma del sistema penitenciario en Gran Bretaña.”
Como podemos observar, la vida de Oscar Wilde es el testimonio de un autor consumado, que continúa latiendo en los corazones de quienes nos acercamos a ella sin prejuicios y con la actitud de celebrar su vida rebosante de sentido a la manera en que lo propone Víctor M. Frankl.

NOTA:
Cartas de Wilde al Daily Chronicle, la primera publicada el 28 de mayo de 1827; la segunda, el 24 de marzo de 1828, mismo año en que muere su esposa.
FUENTES:
- D.T. Suzuki, Eric Fromm. Budismo Zen y Psicoanálisis. F.C.E. México 1975.
- Martin Buber. ¿Qué es el hombre? F.C.E. México, 1974.
- Oscar Wilde. Epistola: In Carcere et Vinculis (“De Profundis”). Editorial Seix Barral, España, 1977.
- Víctor E. Frankl. Psicoanálisis y existencialismo. F.C.E. México, 1990.
- ______________Teoría y terapia de las neurosis. Editorial Herder, Barcelona, 2001.

NÓMADA

El olor a encierro de la ropa,
El polvo críptico de las dunas,
La sal de las sábanas nocturnas,
El grito de un recuerdo que aún no fenece,
La mirada oblicua de un desamor,
Los libros y sus telarañas de no lectura,
El agua del sueño aquél,
La música vertebral de un adiós,
La luz a solas de un baile virtual,
El sosiego demacrado de las piedras,
El bullicio interno de los andenes,
El desliz transitorio de un ave,
La montaña reseca entre las hojas del cuaderno,
Los clamores de la lengua sin decir,
La geometría vacía de los hoteles…

Con lo que vengo,
Con lo que voy.

BANDONEÓN

El bandoneón no es un pesar aislado,
es multitud que avanza con el peso de su sombra,
recala en el mar y allí deposita la sal de sus ojos
las aguas llevan lejos embarcaciones de los que quieren olvidar.

El bandoneón no es una duda solitaria,
es muchedumbre que busca la luz,
mitigada para no amar su ceguera.

El bandoneón es un grupo,
hombres y mujeres marchan contra el viento,
crean los muros de la casa donde el rayo no podrá
esculpir el fuego de su zozobra.

El bandoneón no es una voluntad a solas,
es una pareja que danza y en la pauta del silencio
enciende el fuego de la grafía de los cuerpos,
y entre las notas de los años su verdad es dicha
con la voz orgánica de un fuelle que respira.

Cuando el acordeón es una sola persona
es desolación por no lograr el olvido,
es una muerte por no saber perdonar,
es una disculpa que se suspende entre los ojos de la niebla,
entre los árboles que no quieren su abrazo,
entre las calles donde los pasos no tropiezan
con el eco que hablaría del vivir.

LA POESÍA EN JOSÉ REVUELTAS


Hace 33 años murió José Revueltas.

Comunista, novelista, pensador de la izquierda mexicana cuando aún no declinaba la figura de este tipo: el intelectual riguroso heterodoxo, que quería la revolución en México.

Y fue poeta.

Leer a José Revueltas es tener una experiencia consciente con su pensamiento. Es tomar el pulso a una actitud espiritual que es dinámica, procreadora de cuestionamientos profundos sobre los actos humanos; hasta la indecisión es objeto de escrutinio por parte de este autor, quien escribe una obra literaria coherente, obsesionada por establecer sus verdades basadas en una permanente elaboración crítica del texto de género diverso, bajo una estética transgresora, donde más que subvertir el orden natural del cosmos que lo aflige, intenta colocar como principal foco de atención una necesaria revaloración del papel que desempeñan las personas que viven inmersas en el destino, ya no auspiciado por la divinidad sino por el caos general, como origen y deriva de sus acuerdos o desacuerdos con el tiempo y el espacio que habitan. Seres humanos como materia que debe tomar conciencia de sí, para desechar como proyecto a realizar la simple felicidad terrenal, que no es más que el privilegio de los animales; por tanto, el territorio por conquistar es el de la conciencia de la desdicha y no la postulación de absolutos, que en todo caso servirían como refugios de la inacción y la conformidad, o lo que es peor y que Revueltas intuye en todo momento, y que además supo observar en las grupalidades de tipo comunista o incluso en las sociedades reguladas por gobiernos de ese signo; aquí Ramón Xirau lo dice de un modo inmejorable: “Hacer absoluto lo que está en el corazón de lo relativo es una idolatría; idolatría que sería solamente un errar si no fuera, en realidad, atroz porque de hecho esta idolatría ha conducido, bien lo sabemos, a los muchos y diversos “universos concentracionarios”. En Revueltas, a partir de sus diferentes registros literarios, se encuentra una propuesta alterna de integridad humana y aunque la poesía sea independiente de la moralidad, ya que el arte poético desde su alta perspectiva “contempla por igual y con absoluta imparcialidad la naturaleza de lo bueno y de lo malo, de la felicidad y la desgracia”, es precisamente desde esta perspectiva que se considera una parte de la narrativa de José Revueltas y lo que este autor comparte desde los poemas en prosa, y sus poemas recopilados en su obra póstuma.
Es importante colocar la mirada en la poética de Revueltas, ya que resulta esencial para comprender su estética que nunca está aparte de la reflexión y la escritura como tales. A lo que él llamó Realismo Dialéctico como denominación para sus relatos y novelas, la mirada atenta a su poesía podrá de igual modo percibir lo dialéctico de su versificación libre, pues esta es altamente dinámica e indagadora.


LA PROSA POÉTICA DE REVUELTAS

En la novela Los días terrenales hay ciertas aberturas de expresa poesía; se elige aquel instante que marca una transición que vive el personaje Jorge Ramos, quien es un comunista, crítico de arte, justo cuando termina de redactar un artículo en torno a la obra pictórica de Julio Castellanos y de Manuel Rodríguez Lozano. El crítico se pasea por su estudio admirando la suntuosidad del lugar, reflexionando sobre las innovaciones en el diseño de automóviles del año 1919-1920, vistos en una revista de aquella época, para detenerse en un ventanal desde donde se alcanza a mirar la nitidez de un cielo azul cobalto del atardecer citadino, este sujeto se transforma en un voyeur privilegiado, testigo de los escarceos lésbicos de dos adolescentes que han subido a una de las azoteas contiguas. Sin embargo, antes de la descripción del acontecimiento erótico (del cual no es el único espectador pues su esposa también se halla observando tal evento, desde otra habitación, sin que Ramos lo sepa), Revueltas inserta un texto sumamente digresivo, volátil, pero que define muy bien la visión poética de este novelista:
“Allá, por entre las cortinas de su alcoba, la mujer que se mira en el espejo sonríe, se vuelve, habla con su soledad, se hace ofrecer mil clases de aventuras y luego se toma la cabeza entre las manos, en la actitud de una tarjeta postal. Así semidesnuda, los codos hacia arriba, es de una gracia infinita, pero de pronto se deshiela, parece tomar una decisión y con ambas manos hace girar la cabeza sobre su propio eje unas veinticuatro veces, cual la cabeza de un maniquí; se la arranca con suavidad como quien se desprende una espina de pescado de la dentadura, y luego la coloca bajo su axila, igual al guerrero que se quita el casco, sonriendo, atrozmente sonriente, sin que la decapitación, empero, haya dejado una sola gota de sangre en el punto donde el cuello fue separado del tronco. El pañuelo que pasa por la calle despidiéndose de alguien y de súbito llora, a pañuelo vivo, porque alguien no está en la ventana. El cartero triste, un poco soñador y otro decepcionado, que después de doblarlo cuidadosamente en cuatro arroja en el buzón, sin miedo pero tampoco sin que sus pies toquen ninguna superficie, el cuerpo de un fantasma verde que exclama he muerto, he muerto, he muerto. Las azoteas. Dos senos pendientes del tendedero. Una sábana completamente nupcial que se agita en el aire.”
No sólo en este fragmento de Los días terrenales, novela de 1949, se percibe el sentido poético del relato en Revueltas. Se puede decir que en toda su producción narrativa existe esta dimensión poética, que es digresiva por antonomasia, siendo muchas veces un recurso para recrear atmósferas, y también para definir acciones narrativas. Por supuesto que Revueltas sigue este camino en el sentido de las descripciones detalladas, donde el rejuego de la imagen es una clara postulación poética, sobre todo muy marcado cuando las acciones discurren en ámbitos como los de la obscuridad nocturna, por poner un ejemplo; sean los espacios compactados por la exterioridad rural, como es el caso de fragmentos de la novela El luto humano, libro de 1943:
“El norte daba golpes sobre la noche. Y el cielo no tenía luz, apagado, mostrando enormes masas negras que se movían espesamente, nubes o piedras gigantescas, o nubes de piedra.”
O el siguiente fragmento de Los días terrenales:
“(…) la noche parecía proponerse no alterar su extensa y profunda dimensión, su dimensión de curvo abrigo prenatal, de negro vientre sobre el hemisferio, aunque ahora su tremenda piel de serpiente unánime, como a influjo de un destino trastocado que se suponía iba a ser nocturnamente quieto y de pronto no lo era, impulsada por el rumor de los pasos y el arrojarse de aquellos trescientos hombres sobre el río, quizá más negra por causa de esto, movía, torva y viva, sus lentas y seguras escamas.”
O la nocturnidad que recorren algunos personajes por las vías marginales de la urbe, también en Los días terrenales se lee:
“En esta forma Bautista y Rosendo, si bien seguros por cuanto a no ser descubiertos por la policía, se sentían no obstante víctimas de una indefinida turbación orgánica, fisiológica, cual si la obscuridad fuese un tejido hostil, una suerte de protoplasma adverso que rodeara al espíritu sin permitirle nacer, sin dejarlo romper una placenta enemiga y sorda, a la manera como sucede en el recuerdo, ligeramente atroz, de cuando, desde el vientre materno, quizá se experimentaron unas cosas extrañas que eran el deseo de sentir y, al mismo tiempo, la angustiosa imposibilidad de ese deseo.”
O incluso la opacidad de las coordenadas concretas de las habitaciones donde se sucede la fatalidad de la vida militante, otra vez en Los días terrenales:
“Empero no haber en la habitación resquicio alguno a través del cual pudiera filtrarse el aire, la llama de la vela se estremeció, tal vez alcanzada por el filo de alguno de esos círculos concéntricos de obscuridad que se desprenden de las paredes de tiempo en tiempo, a lo largo de una noche de insomnio o vigilia, y que, sin que nadie pueda explicárselo, hacen chisporrotear el pabilo con un ruidito suave que es como la onomatopeya de un torpe beso.”
En términos de retórica es en las descripciones de la narración donde es evidente el manejo de la poesía, no obstante en Revueltas no es sólo representación realista de atmósferas, si no eso que tanto abrazó en sus textos, la emergencia de un realismo crítico (dialéctico) donde ambientes y seres se conjugan en una unidad contradictoria, como si el universo o el microcosmos de su encierro (real o metafórico, por ejemplo el caso del dogmatismo que tanto criticó) tendiera un cordón umbilical (hay múltiple recurrencia en Revueltas a la simbología del nacimiento, de un segundo nacimiento, o a su inminencia abrupta o diferida) que se ensancha o se halla a punto de la ruptura por el manejo de la voluntad de los personajes. Imposible que el corte lo haga la divinidad, en todo caso el corte muchas veces violento es el que se alcanza a ver en la resolución de las vidas de personajes memorables de la novelística de nuestro autor. Como pudiera suceder con Gregorio Saldívar, militante del comunismo mexicano, quien salva la vida porque una prostituta de pueblo, Epifania, decide dar muerte a un cacique que siempre deseó matar al comunista. Gregorio opta por tomar el cauce de enfermarse de un padecimiento venéreo que la propia Epifania sobrelleva, como si con este acto moralmente libérrimo además de extremo, simbolizara la posibilidad de una ruptura con el dogma pragmático, comunista, que ha sido su cárcel ideológica, un arrojarse en manos de la total comprensión humana que significa que una mujer mate por él. Cosa que el partido no estaría dispuesto a emprender. Esto en cuanto al hilo narrativo de ese pasaje de Los días terrenales, y cuando se trata del sostén de una poesía en la prosa, es cuando en un pasaje existe una fuerte introspección en el transcurrir de Gregorio, el comunista que abraza una redención con su proceder, y en los distintos ámbitos en que este personaje ve la acción: el río en que pescan los campesinos, en el encierro material (cárcel real) en que se encuentra al final de la novela.
En los fragmentos que aquí se consideran, también se puede notar una de las cualidades de esta prosa revueltiana, como parte de esa “búsqueda de una expresión coercitiva y exhaustiva al recurrir a las acumulación de adjetivos”, que han sido señalados, entre otros recursos retóricos y poéticos (como la anáfora de los substantivos, abundante sinonimia, aposiciones, metáforas y oximorones) por la investigadora de la obra del escritor duranguense Florence Olivier.

EL POEMA EN PROSA EN REVUELTAS

En un ensayo del año 2001, el poeta Rafael Vargas alude al protagonismo del lenguaje en el libro de Revueltas Material de los sueños (1974); se trata en apariencia de un convencional, por el formato, libro de narraciones, en los que según Vargas: “el ingrediente poético es determinante”. Para este poeta los textos que son claros poemas en prosa son: “Virgo”, “El sino del escorpión”, “La multiplicación de los peces” y “Nocturno en que todo se oye”. Llama la atención que Rafael Vargas no refiera la inclusión de dos textos de Revueltas (“El sino del escorpión” y “La multiplicación de los peces”) en la Antología del poema en prosa en México, libro de 1993, que publica el también poeta Luis Ignacio Helguera. Sin embargo, ya desde 1976 el narrador y ensayista José de la Colina marca un paradero muy importante en el trayecto de la obra de Revueltas al señalar que “partiendo de la necesidad, espoleada por el deseo, la escritura [de Revueltas] tendía a ser algo más que el registro testimonial de la cárcel terrenal y, amasando y moldeando un material de los sueños, iba hacia la visión poética.” Para de la Colina los textos “El sino del escorpión”, “La multiplicación de los peces”, “Ezequiel o la matanza de los inocentes”, son escritos
“casi puramente fantásticos (…) escritura paradójica y graciosamente densa y levitante, prosa de poeta.”
El poema en prosa es una singular forma de expresión literaria. Al menos desde la modernidad, que también en poesía es asunto de ubicación histórica, es con Baudelaire donde se funda su tradición. Por supuesto que es el Charles Baudelaire que ha leído el Gaspard de la Nuit , libro del año de 1842, de Aloysius Bertrand y quizá aún más atrás con el Novalis de Los himnos a la noche, redactado entre 1799-1800. Las dificultades formales para definir esta especie literaria (que se singulariza por desbordar las rígidas recetas del verso tradicional y asumir el deslizamiento hacia un lirismo de inspiración ensayística y narrativa) han sido evidentes desde que se han materializado en diversos estudios y antologías de poemas en prosa, tanto en el ámbito francés como anglosajón, hispano y latinoamericano. No sólo la controversia estriba en la delimitación de autores y obras consideradas para su inserción en esos estudios, sino que también sorprende que textos como los de Julio Torri, algunos de Octavio Paz, o de Augusto Monterroso sean lo mismo ubicados en antologías del cuento que en las de ensayo. Luis Ignacio Helguera, quien es el más estricto en el estudio y antologación del poema en prosa en México, poeta él mismo (quien comprensiblemente no se auto antólogo en el citado libro), se ve impedido para ofrecer una definición de poema en prosa, asumiendo en sus propias palabras que:
“si el poema en prosa surge de cierto modo contra la rigidez de los géneros literarios, parece absurdo imponer una definición rígida del poema en prosa”.
Sólo que antes de esa contundente aseveración ofrece una diferenciación entre la prosa poética y el poema en prosa: “pues si la prosa poética es una prosa en la que se recurre a procedimientos poéticos como la imagen, la metáfora, la estructura paralelística, etcétera, en el poema en prosa la poesía no se introduce en la prosa como un ingrediente sino que se expresa en prosa, se vuelve prosa sin dejar de ser poesía. Al romper con el verso, que puede convertirse en un corral para la intemperie lírica del poema, y fundarse en el ritmo de la prosa, el poema experimenta una libertad de escritura y de expresión radicales.” Notable esfuerzo el de Helguera, sólo que ante la apertura de la dificultad formal del poema en prosa, para ser encerrado en una conceptualización concluyente, es preciso ir a la poesía misma para intentar captar un sentido más sutil a la cuestión. Se toman fragmentos de un poema del poeta norteamericano Mark Strand para ampliar el sentido de lo que esencialmente es el poema en prosa. Este poeta escribe en su poema denominado “La poesía narrativa”:
“(…) el poema narrativo ocupa el puesto de un relato ausente y se la pasa absorbiendo la ausencia de éste, por así decirlo, y al mismo tiempo abandonando su propia presencia a las atroces soledades del olvido.”
Strand alude, según la traducción de Gerardo Deniz, al poema narrativo que sin forzar el significado de lo escrito es del mismo poema en prosa de lo que está hablando. El poema de Strand se presenta como una rememoración donde el sujeto poético reflexiona sobre el o los sentidos del poema narrativo (del poema en prosa); en una forma dialógica recuerda lo que un día antes una mujer y un hombre platican acerca del tema central del texto poético:
“Decía ella: A lo mejor todos los poemas llamados narrativos no pasan de ser irónicos y sus acontecimientos revelan nada más lo empobrecidos que estamos, en qué medida vivimos, como utopistas sin esperanzas, para el fin. Muestran que a nuestras vidas las invalidan nuestras necesidades, sobre todo las necesidades de continuar.”
Más adelante en el poema interviene la madre de quien funge como sujeto poético para, a través de una llamada telefónica, manejar una analogía muy importante:
“Mi madre dijo (…) “Tu papi me hablaba mucho de la poesía narrativa. Decía que era una mujer vestida de largo y que llevaba flores. La roja cabellera caía leve sobre sus hombros. Decía que la poesía narrativa solía pasar en primavera y hacía intervenir a un hombre. La mujer se acercaba a su casa, hacía una seña al hombre con la mano y dejaba caer las flores. Esto –continuó mamá- parecía indicar la falta de objeto de la poesía narrativa. Dondequiera que estuviere la mujer, sembraba simientes de desapego.”
Lo que se descubre en el poema en prosa es una suerte de relato ausente, como si el poema nos contara algo que no es precisamente una historia, ni la evocación completa, muchas veces, del algún acontecimiento. Y ese relato ausente es lenguaje poético: el poema en prosa es un objeto verbal que intuye, efectivamente aunque no siempre, a través de la ironía, una verdad poética que es necesario percibir, poesía y conocimiento se dan la mano en esta forma de la literatura.
Ya que el poema en prosa construye un universo, aparte de lo meramente narrativo o de lo exclusivamente metafórico, como dice Strand desde su poema: “invalida nuestra necesidad de continuar”; sí, de continuar el sentido de un relato que tiene que ser redondeado, pero ¿porqué la preocupación en un desenlace de tipo cuentístico, si la ausencia del relato imposibilita la necesidad de un fin? Poesía por lo tanto, aún más sublime como expresión de una radicalidad, que en ocasiones el verso libre o tradicional no logran penetrar o siquiera postular.
Los poemas en prosa de José Revueltas son ubicados sin mayor problema en el libro de 1974, Material de los sueños, y los textos englobados bajo el apartado de nombre homónimo y que incluye: “El sino del escorpión”, “La multiplicación de los peces” “Nocturno en que todo se oye” y “El reojo del yo”, cuyo subtítulo es “Géminis”. En ellos la escritura de Revueltas es punzante, corrosiva; se trata de una escritura áspera que sostiene, en los dos primeros poemas a que se alude, la mímesis de una microzoología que se desdobla casi sin percibirse, sin que nos demos cuenta, en una antropomorfa fatalidad. Porque según el poema primero, el escorpión es un animalillo que vive sin saber su identidad, que ha sacrificado cualquier apego a una tradición, que sólo se mira al mirar a los demás escorpiones, que anhela amar al hombre, quien termina por perseguirlo hasta darle muerte. Un bicho que desconoce hasta su propia secreción de ponzoña, y que si nadie lo mata él mismo consigue la muerte al “hundir sus amorosas tenazas en cualquier cuerpo”; que sufre la extrema soledad, hasta que de súbito dejando de ser un ente en singular, se torna en un plural de escorpiones que toman la identidad de ser lo que atestiguan, lo que miran o lo que escuchan y ahora pasan a ser nominados por las frases humanas de la costumbre:
“amor mío, maldito seas, te quiero con toda el alma, porqué llegaste tarde, estoy muy sola, cuándo terminará esta vida, déjame, no sabría decirte si te quiero”.
A la sazón los escorpiones son lo que son los seres humanos, lo que somos los seres humanos, y lo que éstos les permiten ser a esos animales despreciados. ¿Dialéctica en poesía? Por supuesto que sí. El desenlace es terrible porque las personas defraudan a los escorpiones, al inflingirles la muerte, ya que no pueden/podemos soportar que unas simples alimañas sean testigos de nuestros atroces actos cotidianos. En “La multiplicación de los peces” Revueltas presenta esta especie acuática como soberanamente extraña en el mundo de las personas; hay en el texto un sentido más hermético; sin embargo, también son peces y simultáneamente sujetos que asumen actitudes y comportamientos propios de los seres humanos. Tanto “El sino del escorpión” como “La multiplicación de los peces”, aunque más evidente en este último, se presenta una marcada irracionalidad, de influencia surrealista, al fin porciones de un onirismo que al pasar al registro de lo consciente, ganan el rigor que el autor traduce en poemas en prosa de excelente manufactura, a un mismo nivel que los textos de Juan José Arreola o Ramón López Velarde, quienes son parte de la antología de Helguera.
En el libro Cenizas, considerado la obra póstuma del escritor duranguense, se pueden ubicar otros poemas en prosa. Aquí se mencionan dos: “Ejercicio para probar nueva pluma” y “Acuarium, signo de Eva”. En el primero el autor discierne acerca de cómo la luna riza los bosques al galope de nubes que transcurren sobre sitios y personajes mitológicos, en plena transformación, hasta que una vía láctea, a punto de convertirse en río se esfuma para dar paso a un mar que se orina en la cama y también es un mar de circo, un mar ambulatorio, un mar que se desgaja en orden de la aliteración:
“(…) corderos ambiguos navegan sin destino en otro mar despierto inundado mar que se orina en la cama cada noche de la noche y ambula mar de circo ambulante de fotografía de fotógrafo ambulante amante ambulante que deambula y noctámbula mar a gritos sin sentido mar que rueda que aprisiona sueña rompe ladra roba perece habla no cesa de marear mar mareado de marea marítima de otro mar sin mar desmemoriado desamarizado desmadrado mar-mar.”
De igual forma en este libro se ubica el poema en prosa que retoma una vez más la influencia bíblica, como en casi toda la literatura de Revueltas, se trata de “El fruto prohibido” donde el “otro Adán” es sorprendido por la omnipresencia de la serpiente en el momento en que aquél está a punto de morder la manzana del mito primigenio.




LOS POEMAS DE REVUELTAS

Los poemas de José Revueltas son recopilados en la tercera parte del libro Las cenizas. En el prólogo del libro Carlos Eduardo Turón escribe: “José Revueltas no fue un gran poeta en sus poemas, pero sí en su prosa. Poesía de lo sórdido, volitiva, atea, atravesada por estrías de luz trágica. Toda la agresión de la verdad, que hace nacer en el lector la condena a este tiempo. Poesía que desea la conciencia rebelde, actuante”. Más adelante enfatiza que los poemas recopilados oscilan “entre el divertimento puro –que rara vez se da en los relatos– y la intuición lírica gratuita o subconsciente.” Aceptable a medias resulta esta apreciación. A estas alturas se sabe cuál ha sido el principal proceder poético y retórico de la literatura de Revueltas. El poema en prosa es su mejor poesía. De hecho Turón se acomoda en esta frecuencia cuando en el mismo preámbulo anota “(J.R.) trata el poema como un ensayo”, en efecto Revueltas sigue haciendo poesía del pensamiento, poesía que es reflexión en torno a sus obsesiones: la noche que azota las conciencias (en “Discurso de un joven frente al cielo”); la noche habitada por los personajes que la reinventan (en “Nocturno de la noche”); la posible redención humana (en “Canto irrevocable”); la necesidad de un concierto de llantos que abran una vía de purificación (en “Si el aire…”); el yo que se afirma participativo (en “En este sitio”, “La expiación”); el rotundo legado de la muerte, donación sagrada que es necesario considerar (en “La espada”); el registro de la angustia de ser una criatura acosada por la seducción de Dios (en “Oh Dios, tormento…”); la insostenible ausencia-presencia de la mujer amante (en “Los esponsales”); la concentrada mirada del poeta que ejerce un fértil escrutinio de lo sencillo en apariencia (en “El propósito ciego”), etcétera.
Aunque preocupado por la forma José Revueltas escribió sus poemas en verso libre. Contenidos, pulcros, acaso traicionados por la demasiada intromisión de un yo que califica el sentido de lo escrito; reflexivo, básico, en el sentido de sentar los fundamentos de su preocupación metafórica, simbólica. Nada complicada su poesía sabe ser compartida como cuando dedica algunos poemas a otros poetas, como Oscar Oliva o Efraín Huerta.
José Revueltas influye indiscutiblemente en los entonces jóvenes poetas mexicanos de finales de los 50 y durante los años 60; se dice esto en relación con el ambiente de efusión contestataria que existe en el México de aquel momento; sobre todo a través de su crítica al marxismo dogmático que ve en su Ensayo de un proletariado sin cabeza, el punto de ruptura con el comunismo del partido al que ha pertenecido históricamente. Influye en un sentido ideológico que no poético; sin embargo, es necesario decir que aquellos movimientos poéticos nacidos del afán genuino de fundir la poesía con la vida, incluyen poetas que según Evodio Escalante se encuentran: “pertrechados lo mismo en Hölderlin, que en Marx, en William Blake que en Lenin.” Algunos de estos poetas pertenecen al P.C. mexicano y después al espartaquismo, en ambos momentos junto con José Revueltas. Se trata de Eduardo Lizalde y Enrique González Rojo, que están identificados con el poeticismo, junto con Marco Antonio Montes de Oca. Escalante por supuesto que también identifica una retórica marxista en las ideas de poetas como Oscar Oliva, Jaime Augusto Shelley, Jaime Labastida y Eraclio Zepeda, los poetas de La espiga amotinada. Esta línea de relación entre poetas es clara, por un lado Efraín Huerta, José Revueltas, León Felipe, Pablo Neruda y por otro lado los poetas jóvenes rebeldes de esa etapa fértil de la poesía mexicana.
No es aventurado apelar a un argumento importante y que está por el rumbo de la convivencia con el autor de El apando. José de la Colina escribe que Revueltas también producía poesía oral y describe que:
“en una reunión de amigos, con un suave crepitar de bebida espirituosa, ya avanzada la noche, nadie rasgueando siquiera la guitarra, Pepe empezaba a contar uno de sus “sucedidos”, digamos la historia aquella de cuando él en un autobús y por la calle se gritaba que una ballena había escapado, herida por los guardianes, del zoológico de Chapultepec, y un hombre silencioso y con algo raro en los ojos subía al autobús y cambiaba con Pepe una mirada de suplicante complicidad y entonces… “Zas, pensé este tipo es la ballena escapada.” A Revueltas le chispeaban los ojos (¿o los lentes?) esperando taimadamente la pregunta: “¿La ballena?”. Y respondía entonces: “Sí, me di cuenta porque al agarrarse de la barra, su saco se entreabrió y tenía una mancha roja en la camisa, donde lo habían herido, a la altura del corazón…”.
Quiero decir que Revueltas es un escritor muy rico, poéticamente hablando, aparte como político y filósofo mantiene una coherencia muy valiosa en países como el nuestro. Singular además es el reconocimiento que tiene entre el gremio literario de México. Su poesía también está presente en narraciones como El apando. Aunque quizá no sea leído ni tomado en cuenta, será porque es un sujeto muy crítico, y su literatura va hasta los extremos de los grotesco y lo monstruoso, y en esta época de postmodernidades ligeras, la densidad de Revueltas es difícil de aceptar.

FIN Y RECORDATORIO

Hace 33 años que murió José Revueltas, hay que recordarlo.